LOS CICLOS DE LA VIDA – PACK COMPLETO

LOS CICLOS DE LA VIDA – PACK COMPLETO

El modo en el que se medía la maduración individual en la personalidad de los humanos antes de 1781 estaba basado en el ciclo de Saturno (29,6 años), que es muy diferente al modo en el que se ha de medir hoy en día, cuando la esperanza de vida del ser humano promedio es casi igual al ciclo orbital de Urano (84 años).

En este tiempo de vida todas las personalidades humanas que nacen en la Tierra y llegan a vivir 51 años (hoy en día la gran mayoría) experimentan un patrón que es consistente en todas ellas y que divide el proceso de maduración de la personalidad -la vida del espíritu humano- en tres fases muy diferentes (ciclos).

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Descripción

LOS 3 MARCADORES DE LA MADURACIÓN EN LA PERSONALIDAD INDIVIDUAL

Uno de los aspectos más excitantes de la vida después del Retorno de Quirón es la capacidad de mirar hacia atrás en la experiencia personal y disfrutar de poder desarrollar la propia perspectiva sobre la naturaleza de las cosas. Es en este contexto en el que mi interés personal por el impacto del programa planetario desués del nacimiento fue bastante limitado al principio de mi carrera profesional con el Diseño Humano. Recién ahora, cuando me escucho ilustrar estos conceptos con los estudiantes que están haciendo su formación profesional conmigo, que me doy cuenta de la profundidad humana y de la lógica precisa y orgánica de las fórmulas y los principios que podemos recoger de los ciclos planetarios como marcadores del modo en el que nuestra personalidad individual está programada para madurar en diferentes niveles. Lo que es fascinante es el hecho de que esos ciclos operan en exactamente la misma línea temporal para todos, independientemente de quienes hayan sido los padres y cualesquiera hayan sido las circunstancias que hayan encontrado en el entorno.

Como sabemos a partir de la estrategia del Tipo Reflector, que se basa en el ciclo de 28 días de duración de la luna, nos afectan todo tipo de ciclos en nuestro desarrollo y maduración individual. El modo en el que se medía la maduración individual en la personalidad de los humanos antes de 1781 estaba basado en el ciclo de Saturno (29,6 años), que es muy diferente al modo en el que se ha de medir hoy en día, cuando la esperanza de vida del ser humano promedio es casi igual al ciclo orbital de Urano (84 años).

En este tiempo de vida todas las personalidades humanas que nacen en la Tierra y llegan a vivir 51 años (hoy en día la gran mayoría) experimentan un patrón que es consistente en todas ellas y que divide el proceso de maduración de la personalidad -la vida del espíritu humano- en tres fases muy diferentes (ciclos).

EL RETORNO DE SATURNO

Es muy común que los estudiantes y otras personas que conocen el Diseño Humano sepan de la importancia del “Retorno de Saturno”, especialmente para los individuos en torno a los 30 años, pero la verdadera importancia y significado del llamado “Ciclo de Capacidad”, del cual la 6ta línea es el “ejemplo” perfecto, no se comprende lo suficiente. Uno necesita entender qué fue sucediendo, año tras año, al potencial de la personalidad humana, hasta que llega a un lugar de desarrollo interno que no había conocido nunca antes de modo tan claro; la exigencia interna de auto-restringirse si uno realmente quiere tener una oportunidad de éxito en el establecimiento del propósito de vida diferenciado inherente a la Cruz de Encarnación que tenemos en nuestra impronta. Sólo después de haber pasado más de 30 años en el planeta Tierra, la personalidad humana está preparada para vivir con integridad en el camino de la maestría sobre uno mismo.

En este día de clases (4 sesiones de 90 minutos) deconstruiré el Ciclo del Retorno de Saturno en sus diferentes cuatro cuartos (cada uno de 7 años), usando el mismo ejemplo año tras año para anclar empíricamente el entendimiento de la sustancia humana que se desarrolla en el espíritu individual durante este ciclo vital tan importante. Año tras año, mientras Saturno se va moviendo por la rueda, el Sol de Personalidad es desafiado a aprender a restringir la proyección de su luz en la necesidad material de establecer y mantener la armonía en su relación con las fuerzas del entorno (familia compañeros de trabajo, sociedad, amigos, compañeros, amantes)

Si hay una lección que nos enseña el ciclo de Saturno en nuestro desarrollo a todos es que haber nacido como miembro de la especie humana puede ser muchas cosas, pero ciertamente fácil no es una de ellas.

 

LA OPOSICIÓN DE URANO

Visto desde la perspectiva del potencial para la conciencia diferenciada, el viaje humano no es menos desafiante después del Retorno de Saturno, sino que en algunos aspectos lo es más. Habiendo aprendido a restringir su autoexpresión para establecer el propósito de su cruz en el mundo material, la personalidad es ahora confrontada con los velos más profundos de la ilusión que distorsionan su percepción en modo que van más allá de su ámbito personal, por ejemplo el hecho de que el mundo al que uno se despierta cada mañana no parece contener los elementos que parecieran ser necesarios para encontrar realización en la vida que uno está viviendo. Ahora bien, obviamente no es que esos elementos no estén allí, sino que la personalidad homogeneizada simplemente es incapaz de verlos o de comprometerse con ellos en el modo correcto. Esto es debido a que, a pesar de la maduración de sus capacidades para la auto-restricción, ha aprendido a ver el mundo y las cosas que de él espera de la vida enraizado en una visión que no es original. Entre el primer Retorno de Saturno y la Oposición de Urano, la personalidad humana está “atrapada” en la percepción de una versión homogeneizada del mundo y del propósito de vida, tal y como lo encontró en la geometría en la que nació; un mundo que contiene todo lo que uno pudiera soñar, pero no tiene preparación alguna para la unicidad que cada uno de nosotros encarna.

Uno puede fácilmente hacer un chiste cósmico desde el aspecto particular de la condición humana, si no fuera por la dimensión trágica que revela acerca de nuestra existencia siempre inestable y frágil. La Oposición de Urano es el marcador que fuerza el potencial de la personalidad humana a atravesar una transformación profunda en el modo en el que se proyecta en interacción con las circunstancias materiales que ha creado para sí misma con las decisiones que se tomaron en la primera mitad de su vida. Esto no siempre resulta fácil, dado que a esta edad la personalidad humana promedio ha perdido la resiliencia que solía tener. La famosa “crisis de los cuarenta” es una manifestación homogeneizada del ciclo de maduración, y más que una catástrofe disparada por cambios involuntarios en la percepción de las fuerzas del entorno, esta podría ser una iluminadora oportunidad para que la personalidad reconozca que su destino a estado siempre “en sus propias manos”.

Lo que aparece frente a sí a partir de aquí es un mundo en el que no hay necesidad de cambiar nada y no hay otro propósito más que el de asegurarse de estar pisando y dejando la exacta   huella individual que uno quiere dejar. El modo en el que la personalidad mira al futuro y al pasado es  una ecuación que se transforma profundamente durante esta fase.

EL RETORNO DE QUIRÓN

Si la personalidad no despierta de los velos de la ilusión como muy tarde en la Oposición de Urano entre los 38 y los 44 años de edad, entonces el potencial de calidad en el proceso de vida entra en una fase en la que el deterioro es lo único que está asegurado. Dado que la mayoría de los seres humanos viven una vida homogeneizada, los ejemplos que tenemos de personas que “envejecen” nunca han sido demasiado inspiradores. Recién en estos tiempos de seres de 9 centros empezamos a ver cómo el potencial de la personalidad humana continúa desarrollándose más allá de esta barrera y lo hace simplemente porque ¡puede!

Verás, durante los primeros treinta años de su vida, la personalidad humana vive encerrada en su propia subjetividad ¡y ni siquiera lo sabe! Cuando llega al Retorno de Saturno empieza a reconocerse así como se va moviendo conscientemente en el mundo, pero eso no significa que la personalidad pasa inmediatamente a la objetividad repentina, para nada. La maduración es un proceso lento y continuo.

EL primer cambio que sucede cuando la personalidad reconoce su falta de objetividad es que se ve más desapegada del constante impulso a sacar conclusiones mentales, por consiguiente cada vez está más dispuesta a mantener los ojos y la mente abiertos a aprender de la experiencia de otros. Observándolos desde una perspectiva más distante, también aprende a reconocer y ver su propio pasado de un modo nuevo. Esto abre el potencial para un modo objetivo de evaluar las conclusiones erróneas acerca de aquello que haya podido ser hiriente durante ese tiempo. La personalidad deja de herirse a sí misma, en sus intentos de construir una vida basada en ideas y/o perfeccionismo, y el espíritu puede lentamente entrar en un proceso de sanación profundamente experiencial que sólo se completará cuando llegue al florecimiento de su potencial inherente, tal y como se representa en el Retorno de Quirón en torno a los 50-51 años de vida.

Si la forma ha podido vivir en el respeto a las leyes inherentes de su naturaleza, entonces el espíritu ha madurado correctamente y la vida nos ofrece las recompensas más grandes, que no es nada menos que el reconocimiento de su perfección inherente en un nivel que está más allá de la comprensión de la mente.

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